Querido lector, España no es una democracia. Es un reality show de políticos sin carisma y con delirios de grandeza. Porque aquí no gobernamos con mayorías, ni con ideas. No, aquí gobernamos con pactos de trastienda, chantajes emocionales y partidos tan útiles como un cenicero en una moto.
El Congreso de los Diputados se ha convertido en una ensaladera de siglas absurdas donde cada iluminado con un micrófono se monta su propio chiringuito ideológico para vivir del cuento. Y claro, mientras tú te preguntas cómo pagar el alquiler, ellos se pelean por cambiar el nombre de una rotonda.
¿Cuántos partidos hay en España?
Más que peluquerías en Alcorcón. En la legislatura actual, hay más de 20 formaciones políticas con representación. Algunos con nombres que suenan a cooperativa de yoga o a asociación de vecinos. Mira esto:
Partido | Ideología (autoproclamada) | Nº de diputados |
---|---|---|
PSOE | Progresismo buenista deluxe | 121 |
PP | Centro-derecha-que-no-muerde | 137 |
Sumar | Multiverso de feminismos y tés de cúrcuma | 31 |
VOX | Falange Reloaded | 33 |
ERC, Junts, Bildu, BNG, etc. | Nacionalismos periféricos con presupuesto estatal | ¡Depende del chantaje! |
La investidura: ese ritual vudú parlamentario
¿Recuerdas cuando ganar las elecciones significaba poder gobernar? ¡Qué tiempos aquellos! Ahora, el partido ganador tiene que hacer el Camino de Santiago de la Humillación visitando a todos los mini-líderes de provincias para mendigar un sí, una abstención o un «vale, pero dame el ministerio de las cosas raras».
En lugar de acuerdos de Estado, tenemos pactos de supervivencia a cambio de competencias, presupuestos y privilegios. Y el resultado es un Gobierno Frankenstein que solo se mantiene con saliva, celofán y chantaje emocional.
¿Gobernabilidad? Mejor llamarlo “equilibrismo a lo Sánchez”
Pedro «el Berreado» Sánchez ha elevado el arte del pactismo al nivel de contorsionismo olímpico. Es capaz de prometer independencia, unidad, café y descafeinado en la misma frase, y sin que le tiemble el párpado. Todo sea por mantenerse en la poltrona, aunque para ello tenga que prometerle a Otegi un parque temático abertzale en Soria.



¿Y la oposición?
El Partido Popular, liderado por Feijóo «el Gallego que no Galleguea», sigue pensando que si no molestas a nadie, acabarás gobernando por aburrimiento. Mientras tanto, VOX ladra, pero no muerde, y la izquierda alternativa vive en una asamblea permanente donde no se ponen de acuerdo ni para apagar la luz.
Conclusión: ¡Basta ya de partidos decorativos!
España necesita partidos con proyecto, no con comunidad en Telegram. Necesita líderes, no streamers del Congreso. Y sobre todo, necesita una ciudadanía que deje de aplaudir a los suyos como hooligans y empiece a exigir resultados.
Porque si seguimos votando a quien nos grita más fuerte en Twitter, acabaremos gobernados por una IA entrenada con los guiones de Sálvame y los discursos de Rufián.
Gracias, desgobierno. No te merecemos.